La conducta alimentaria guarda una estrecha relación con nuestras emociones hasta tal punto que puede conducir a cambios en nuestra ingesta como son los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). ¿Qué enfermedades engloba el concepto TCA? Generalmente, nos viene a la cabeza la más conocida: la anorexia nerviosa. Sin embargo, la bulimia nerviosa y los trastornos por atracones también forman parte.
Estos trastornos del comportamiento alimentario repercuten a diferentes niveles de la salud de la persona que abarca desde el propio desarrollo biológico como psicológico, familiar y social. Hay que destacar que actualmente estos criterios están regulados por la Academia Americana de Psiquiatría a través de la quinta edición del manual “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders” (DSM-5).
TCA: tipos y sus características
Las personas enfermas de TCA tienen un punto en común: están obsesionados con la comida, el peso y la figura de su cuerpo, pero debemos recordar que las personas están enfermas y no han elegido esta condición. A continuación, se exponen los TCA más comunes:
Este TCA provoca que las personas tengan una imagen corporal distorsionada, en la que ellos mismos se ven obesos y, por tanto, no son capaces de reconocer su delgadez. El rechazo a reconocer su físico tal y como es, provoca que las personas sientan miedo de engordar o tener sobrepeso por lo que crece el deseo de perder peso. Por esa razón, los enfermos presentan conductas de evitación hacia la comida hasta alcanzar niveles poco saludables IMC<18 (cuando el rango saludable se encuentra entre 18 y 24) en la que la persona tiene delgadez extrema (emaciación), y realizan acciones compensatorias para contrarrestar los alimentos ingeridos.
Las acciones compensatorias dependen del tipo que ellos desarrollen, en el que se distingue 2 subtipos pudiendo ser restrictiva o purgativa:
En muchas ocasiones, las restricciones alimentarias se acompañan de la práctica de ejercicio físico desmesurada (intenso y excesivo) con el objetivo de permanecer con un peso bajo. La hiperactividad física sumada a una alimentación hipocalórica conduce a la desnutrición cuyo resultado es una inquietud persistente.
Las emociones están completamente ligadas al comportamiento frente a los alimentos. Por ello, la persona que sufre anorexia presenta mayor autocontrol con síntomas de depresión, apatía, ansiedad, irritabilidad, aislamiento social, rumiaciones y/o rituales obsesivos con la comida. Se ha observado que los picos suelen darse a los 14 y a los 18 años con una prevalencia de alrededor del 4%, cifra que disminuye hasta el 2% cuando se trata del subtipo purgativo. También es destacable que afecta más a mujeres que a hombres con un rango entre 5:1 y 10:1.
Además, cuando la enfermedad se prolonga en el tiempo y en función del peso corporal de la persona, puede desarrollar los siguientes síntomas:
A diferencia de la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa provoca situaciones en las que se alterna la ingesta voraz o atracones -en los que se ingiere en un corto periodo de tiempo una gran cantidad de alimentos- de al menos 2 veces a la semana durante 3 meses. Estos atracones pueden tener diferentes formas: consumir las cantidades inusualmente grandes en un corto plazo de tiempo, comer rápido, seguir comiendo incluso cuando la persona se siente completamente llena, no tiene hambre. La persona que sufre esta enfermedad se siente incómoda, y avergonzada por lo que prefiere comer solo y realiza dietas con frecuencia, aunque sin mucho éxito.
Estas se producen cuando la persona siente descontrol emocional e impulsividad -que suele afectar a partir de media tarde- cayendo en estos episodios de sobre ingesta, que, por culpabilidad, muchas personas siguen conductas compensatorias para evitar ganar peso. Para ello, ingenian con creatividad formas de expulsar los alimentos engullidos a través de vómitos provocados, uso de medicamentos (laxantes, diuréticos, enemas, anorexígenos, etc.) o, por otro lado, sin una purga, pero con ayuno o ejercicio físico excesivo típicos en la anorexia nerviosa.
Aquellas personas que practican la purga con frecuencia experimentan:
Las personas bulímicas se sienten preocupadas por el peso y su figura, pero no tienen una distorsión de su imagen corporal. Esto no exime a las personas del sobrepeso, ya que, de hecho, en algunos casos, tienen un IMC superior al estipulado como normal. También es característico que las personas con bulimia inicialmente tuvieran anorexia.
En estos casos se produce una sobreingesta de al menos una vez a la semana durante 3 meses en los que la persona experimenta falta de control y sentimientos de malestar. Estas personas suelen experimentar al menos 3 de los siguientes “tipos” de atracones:
El DSM-5 además de los TCA más conocidos, también distingue otras formas menos graves de las enfermedades, pero más específicas. Estas son:
Origen, repercusiones en la salud y soluciones
¿Cómo surgen los trastornos? ¿podríamos culpar los estereotipos que se han implantado en nuestra sociedad? ¿está relacionado con nuestra genética? Son preguntas que los especialistas se plantean, y, sin embargo, se trata de una combinación de varias. De cualquier forma, toda la sociedad ha aportado su granito de arena para provocar esta enfermedad en un porcentaje más alto del que nos gustaría reconocer -al menos a nivel social- en el que también han tenido que ver otros factores como son el biológico, la genética que finalmente influyen en la psicología y comportamientos y percepciones derivados de estos.
Como cualquier otra enfermedad, las TCA tienen efectos negativos en las personas más allá de la evidente desnutrición. Además, se desarrollan y dependen del peso alcanzado y la prolongación en el tiempo de la enfermedad precisamente ya que no será igual si una persona se le ha detectado tras los primeros síntomas o al cabo de unos años.
Por ello debemos tratar de combatir y revertir los TCA. Una forma de alcanzar este objetivo es la detección precoz, en la que los padres pueden tomar parte activamente siempre y cuando se trate de adolescentes.
Desde el MICOF aconsejamos seguir lo siguientes #consejosMICOF en su entorno para prevenir estos trastornos:
Pero ello no acaba aquí, sino que para el correcto abordaje de la enfermedad es necesario un equipo multidisciplinar de profesionales sanitarios en el que se abarque la terapia psicológica y nutricional adecuada y adaptada a la persona se pueden obtener mejores resultados.
Recuerda, en caso de haber detectado estos patrones en alguna persona conocida o en ti mismo, es imprescindible que busques ayuda de un profesional sanitario para iniciar la recuperación lo antes posible. En caso de que se trate de otra persona, es posible que no pida ayuda directamente y la rechace alegando que no tiene ninguna enfermedad por lo que tendrás que avisar a las personas de su entorno.
FUENTES