Levantar pesos en el gimnasio hasta alcanzar el agotamiento total es un método habitual entre quienes buscan incrementar su masa muscular. Pero, ¿todos podemos hacerlo?

Cuando se trata de estimular el crecimiento de los músculos, una de las técnicas que más interrogantes genera es la de «entrenar al fallo». En términos generales, significa realizar todas las repeticiones de un ejercicio de fuerza que nuestro cuerpo permita. El límite se establece cuando fallamos en la ejecución, porque se nos vuelve imposible vencer la resistencia de la carga, al estar agotados.

Más allá de los beneficios para el desarrollo muscular, acercarse a los límites del agotamiento implica cierto riesgo de lesiones. Por lo tanto, es esencial conocer quiénes pueden practicar la técnica y bajo qué criterios.

¿Cómo saber si alcancé mi límite?

Cada persona llega al fallo de una forma particular. Lo más común es sentir que la fatiga se acumula en la zona trabajada.

Además, el sudor aumenta, las repeticiones se tornan más lentas y el esfuerzo que requiere la fase concéntrica es muy superior en cada intento. Notarás que estás exigiendo al máximo cuando aparezca una especie de «bloqueo»; ya no podrás forzar más tus estructuras para una nueva ejecución.

Conocer el límite es algo que evoluciona con el tiempo. A mayor práctica, mejor será el reconocimiento de la cercanía del fallo. Además, debes saber que es habitual percibirlo por debajo de nuestra capacidad real.

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