Fuente: El País
Muchos médicos siguen refiriéndose a fumar como “hábito” y a dejarlo como “deshabituación tabáquica”. Esto le quita, en opinión del neumólogo Carlos Rábade, la importancia que realmente tiene: “Una enfermedad como otra cualquiera, y que como tal debe ser tratada”. Para lograrlo, un grupo de expertos ―médicos de familia, neumólogos, farmacéuticos― ha presentado esta semana un documento de consenso en el congreso nacional de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), que pretende que cualquier persona que quiera dejar de fumar reciba asistencia sanitaria para hacerlo con las mejores herramientas que han demostrado efectividad científica.
La idea es que, a través de los profesionales de cualquier nivel asistencial ―desde farmacias, hasta hospitales― se puedan identificar a los alrededor de seis millones de fumadores diarios que hay en España ―según la última Encuesta Europea de la Salud, de 2020― y se les ofrezca ayuda. Es algo que hoy sucede de forma desestructurada, con grandes diferencias en función del lugar donde son atendidos, incluso del profesional: en un mismo centro de salud es frecuente que los haya muy formados y concienciados sobre el tabaquismo y otros que no lo están tanto.
Son, precisamente, los ambulatorios, uno de los grandes ejes de esta propuesta, que se publicará próximamente en una revista científica y que quiere combatir la principal causa de muerte prematura evitable: cada año fallecen en España 50.000 personas por culpa del tabaco, ocho millones en todo el mundo, según la OMS.
Para la gran mayoría de estos fumadores debería ser suficiente con la ayuda que pueden prestar los médicos de familia. Y, solo algo menos de una quinta parte (alrededor de un millón de personas) requieren de unidades específicas de tabaquismo, según cálculos de Rábade: por tener un largo historial de recaídas, otras condiciones asociadas, un alto nivel de adicción, o no ser candidatos a los tratamientos farmacológicos, como puede ser el caso de las embarazadas.
¿Cuáles son estas herramientas? La adicción al tabaco tiene dos componentes, explica el médico de familia Jesús Méndez-Cabeza: uno puramente físico, que se combate con fármacos, y otro psicológico, para lo que es necesaria terapia cognitivo-conductual. Ambas deberían estar presentes para la gran mayoría de fumadores: cuando falta alguna, es más probable que todo el proceso fracase.
Incluso cuando se emplean todos los recursos disponibles, la tasa de éxito está solamente entre un 30% y un 50% en el primer intento, según calculan los profesionales. Pero esto sucede porque el tabaquismo no solo es una enfermedad, también es crónica. La recaída, asegura Raúl de Simón, otro de los autores del documento, es parte del proceso, “no hay que tomarla como un fracaso, ni del profesional ni del paciente”, sino simplemente como parte del camino.
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